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1589–1669

Eróticas – - II -

Esteban Manuel de Villegas

Quién me dijera, Clori, que algún día te pudiera olvidar tan fácilmente, mientras soltero crin hizo en tu frente con hilos de oro lazos de rabia.

Y mientras blanca juventud bullía en tus mejillas de carmín ardiente, y entre tu blanco aljófar, y luciente, Sirena te escuchó, se temió Arpía.

Todo con la memoria de un desprecio vino a olvidarse en mí, mas no a olvidarse de modo, que me niegue el conocerte Quédate pues, adiós, venga otro necio,

que sepa amarte, y sepa no estimarse que yo, por lo que vi, no pienso verte.

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