Tras del arado y vacas a porfía,
la mano en el estaba refirmada
araba Filis una madrugada
orilla el Ebro al despuntar del día.
El viento los cabellos esparcía
de la cerviz de aljofar rodeada
tan blanca y es tan rubia y colorada
que el sol en su presencia no lucía.
Sus ovejas a caso repastaba
Vandalio, y al pasar vio la doncella,
y tanto de su vista se enamora
que dijo en voz que el monte resonaba:
nunca vide aldeana tanto bella,
ni bella jamás vi tan labradora.