Dardanio con el cuento de un cayado
el nombre y la figura deshacía
de aquella ninfa a quien él mismo había
en mil cortezas de árboles cortado.
Y con el rostro triste y demudado,
con un ay que del alma le salía,
oh perversa Marfira, le decía,
en quien puse mi fe, seso y cuidado.
Si pudiese del alma tu retrato
quitar, cual de los árboles le quito
no harías mi vida ser tan corta.
Mas ay cuán por demás triste me mato
que lo que está en el corazón escrito,
borrarlo en la corteza poco importa.