Alcé los ojos, de llorar cansados,
por tornar al descanso que solía;
y como no lo vi donde solía
abajelos con lágrimas bañados.
Si algún bien yo hallaba en mis cuidados,
cuando por más contento me tenía,
pues que ya la perdí por culpa mía,
razón es que los llore ahora doblados.
Tendí todas las velas en bonanza,
sin recelar humano entendimiento;
alzose una borrasca de mudanza,
como si tierra y mar y fuego y viento
no me fueran en contra mi esperanza,
y castigaron solo el sufrimiento.