El Escudo de Aquiles, que bañado
en la sangre de Héctor, con afrenta
de Grecia y Asia fue mal entregado
a Ulises, por varón de mayor cuenta.
Sobre el sepulcro de Ayax fue hallado;
que Ulises, levantándose tormenta,
entre las otras tropas lo había echado
en la mar, por dejar la nave exenta.
Alguno, visto el nuevo acaecimiento,
dijo, quizá movido en su conciencia:
«¡Oh juez sin razón ni fundamento!
«Que el conocido error de tu imprudencia
vean la ciega fortuna y ciego viento,
y el loco mar entienda tu sentencia».