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1504–1575

- XXVI -

Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

El Escudo de Aquiles, que bañado en la sangre de Héctor, con afrenta de Grecia y Asia fue mal entregado a Ulises, por varón de mayor cuenta.

Sobre el sepulcro de Ayax fue hallado; que Ulises, levantándose tormenta, entre las otras tropas lo había echado en la mar, por dejar la nave exenta.

Alguno, visto el nuevo acaecimiento, dijo, quizá movido en su conciencia: «¡Oh juez sin razón ni fundamento! «Que el conocido error de tu imprudencia

vean la ciega fortuna y ciego viento, y el loco mar entienda tu sentencia».

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