¡Oh carnero muy manso, oh buey hermoso!
manso trabajador siempre contento,
de tu mujer trazada y paramento,
mastín blando al que viene deseoso.
No se dirá por mí que hombre celoso,
que bravo, que feroz, y que sangriento,
destocado al sereno en grande asiento,
oyes de tu vecino el mal ocioso.
El que dentro tu casa está encerrado,
contemplando tus hechos y renombre,
dice: «¡Vivas mil años, padre honrado!
Que si todo el correr que está en tu nombre
a tus pies por natura fuera dado,
pudiéramos llamarte ciervo y hombre».