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1504–1575

- XIII -

Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Vuelve el cielo, y el tiempo huye y calla, y despierta callando tu tardanza; crece el deseo y mengua la esperanza tanto más cuanto más lejos te halla.

Mi alma es hecha campo de batalla, combaten el recelo y confianza, asegura la fe toda mudanza aunque sospechas andan por mudalla.

Yo sufro y muero y díjete, Señora: «¿Cuándo será aquel día que estaré libre de esta contienda en tu presencia?» Respóndeme tu saña matadora:

«Juzga lo que ha de ser por lo que fue, que menos son tus males en ausencia».

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