Demócrates, deléitate y bebamos,
que para siempre no hemos de durar,
ni puede para siempre nadie estar
en esta vida en que ahora holgamos.
Y pues perdemos cuanto acá dejamos,
con ungüento oloroso nos untar
y guirnaldas la frente coronar
se procure, que al fin al fin llegamos.
La honra que merece la mortaja
quiero me la yo hacer en este mundo
y remojarme en cuanto vino sé;
que si de acá me llevo esta ventaja,
cuando después llegare en el profundo,
ahógueme el diluvio de Noé.