¡Oh Venus, alcahueta y hechicera,
que nos traes embaucados tierra y cielo,
cuántas veces, por falta de una estera,
hiciste monipodios en el suelo!
¡Cuántas veces te han visto andar en celo
tras los planetas machos, cachondera,
abrazada luchando pelo a pelo
y pellejo a pellejo dentro y fuera!
No me andes rodeando, puta vieja,
que no tengo tan dura la costilla;
guarda que está mi mano te apareja,
con un cuarto abrochado o calderilla,
un mínimo caudal de rabo a oreja,
cual nunca dio a mujer hombre en Castilla.