En cierto hospedaje do posaba
Amor, vino a posar también la Muerte;
o fuese por descuido o mala suerte,
al madrugar Amor, como lo usaba,
toma de Muerte el arco y el aljaba
(y no es mucho, si es ciego, que no acierte);
Muerte recuerda al fin, tampoco advierte
que eran de Amor las armas que llevaba.
Sucedió de este error que, Amor pensando
enamorar mancebos libertados
y Muerte enterrar viejos procurando,
vemos morir los mozos malogrados,
y los molestos viejos que, arrastrando,
se van tras el vivir enamorados.