Con gran razón, Emperatriz del Cielo,
que excedes las supremas jerarquías,
te dan, más que a Eliseo y que a Elías,
todo el honor del Líbano y Carmelo.
Tú diste al mundo su mayor consuelo,
y tu parto cumplió las profecías,
dando el Bien, dando a Dios, dando el Mesías
a los mortales míseros del suelo.
Tú, de la cual nació la Luz del mundo,
de lágrimas en este oscuro valle
nos mira desde aquesa empírea corte.
Y a buen puerto de aqueste mar profundo
saldremos, si es tu mano el gobernalle,
el piloto tu amor, tu vista el norte.