Skip to content
1835–1881

Dido a Eneas

Clemente Althaus

Y ¡partes y me dejas enemigo! Y, por más que a tus plantas en un lago de lágrimas ardientes me deshago, ¡ablandar tus entrañas no consigo!

¡Oh de tanta merced inicuo pago! Aquí náufrago y prófugo y mendigo llegaste, ingrato, y yo partí contigo mi lecho y el imperio de Cartago

¡Ah! pues no basta a detenerte nada, permitan las deidades justicieras que, al presentarse al fin a tu mirada de esa tu ansiada Italia las riberas,

súbita tempestad hunda tu armada, y, como yo, desesperado mueras. ¿La misma ya no soy? Y porque ardiente negra viruela mancilló la rosa

de mi mejilla y la nevada frente, ¿ya me huyes y desdeñas por esposa? De tu injusta mudanza te arrepiente, no humillada me dejes y celosa;

ven; y, aunque la verdad perdí aparente, ve que me queda aún un alma hermosa Mas que vivir, si fuerza era perderte, de tu desdén objeto y de tu espanto,

¡Por qué mi horrible mal no me dio muerte! Rogarás por mi paz al cielo santo, y te dolieras de mi triste suerte, y mi tumba regarás con tu llanto

Cookies on Poetry Cove

We use cookies to remember your language preference and — only with your consent — to learn how Poetry Cove is used. You can change your mind any time.
Dido a Eneas · Clemente Althaus · Poetry Cove