En el palacio de Megara, sobre
la marmórea terraza que domina
el golfo que Tanit alabastrina
torna en bruñida ánima de cobre;
aspirando el efluvio de salobre
aura que surca la extensión marina,
y diadema con nimbos de neblina
la árida cumbre de peñasco pobre;
Salammbó envuelta en túnica de gasa,
de un pebetero en la rojiza brasa
quema extasiada la fragante goma,
y al adorar los siderales mitos
ascienden los murmullos de los ritos
en las espiras de sagrado aroma.