Crepúsculo En el lívido paisaje
la mortecina luz filtra las grietas
de las errantes nubes El celaje
sangra, al clavar sus últimas saetas
El sol agonizante En el encaje
de piedra, que recortan las siluetas
de las lejanas torres, un mensaje
cuelgan los melancólicos poetas
¡Oh, la mortal tristeza, blanca novia
de las almas, que tímidas, agobia!
¡Oh, las castas promesas fugitivas!
Los ensueños se alejan errabundos
y surgen los recuerdos moribundos
de las pálidas tardes pensativas