«Selvas pues de vosotras me destierra,
la dura enemistad de la Fortuna,
a quien es mi quietud tan importuna,
que no halla paz sin procurarme guerra.
Y la Corte en su número me encierra
sin esperanza o pretensión alguna,
no pidamos constancias a la Luna,
ni vagos movimientos a la Tierra.»
En vuestros troncos defended incultos
las que al partirme de mi afecto emprendas
esculpidas deje ciertas verdades.
En tanto que en los Áulicos tumultos,
y estruendos de Causídicas contiendas
vivo yo como en vuestras soledades.