Que de años ah Señor que fugitivo
me trae de vos medroso mi pecado,
en veros tantas veces arrastrado
de tan inútil libertad cautivo.
Ya que piadosamente vengativo
por prisión este lecho me habéis dado
no me dejéis en él desamparado
cadáver sólo a los tormentos vivo.
Pues ni seguiros puedo ni buscaros
sin vos, Señor volved a defenderme
de mis más interiores enemigos.
Yo sé que cumplo sólo con llamaros,
de que estáis obligado a responderme
vuestras misericordias son testigos.