Crece de presto, poderosa hierba,
que medras en la injuria, si dispones,
no a Pitágoras manto, ni los dones
de Aragne, que irritaron a Minerva;
ni senos para hacer a la Asia sierva,
cuando navales fábricas compones,
y al viento puesta, a descubrir regiones
vuelas, que el orbe idólatra conserva;
Sino para apretar de este vecino
causídico la pérfida garganta
(sacro lazo), que luego de mi mano
serás de la piedad ofrenda santa.
Crece, tanto suplicio; tú, Silvano,
Dios de los campos, guarda el de este lino.