Ya no murmura el pueblo, sino brama,
contra tus fraudes, Lico, porque siente
que no hay seguro en tu modesta frente
más que en la de una fiera de Jarama.
La voz del pueblo voz de Dios se llama;
mas yo, para juzgar sencillamente,
hago por ti una excusa suficiente
por quitar las calumnias de esta fama;
que tú no crees que hay vida que comienza
donde esta acaba, ni la suerte, oh Lico,
a las obras humanas prometida.
Pues no te juzgo yo por tan inico,
que si creyeses tú que hay otra vida,
vivirías con tanta desvergüenza.