Con dura ley tu halago nos aprieta,
Cintia, que, en fe de que a esperar nos mueve,
descubre en ti que ni una gloria breve
quiere que el más valido se prometa.
Así a la flor que en real jardín secreta,
ni el huésped raro ni el cultor se atreve,
la lluvia, el sol y el mismo soplo leve,
que juega con sus hojas la respeta.
¿Cuál prevención podrá evitar los daños
que obran en las clemencias y favores,
lo mismo que en desdenes y mudanzas?
No más, benignidades exteriores,
pues cuando me animáis con esperanzas,
a mejor luz os hallo desengaños.