Cremes, regala a Lice, y no celebres
su nombre en verso, o quema tus papeles.
Envíale una liebre, como sueles;
aunque, según Marcial, ¿a qué fin liebres?
Mucho tiempo ha que pasas esas fiebres,
de que en ellos frenético te dueles,
desde que le arrojaron los broqueles
(ya sabes quién y adónde) a Mos de Gebres.
Calla, enfadoso padre, así se halle
docto herbolario, que convierta un cobre
la plata hilada que tu barba cría.
Tú, buena Lice, ruégale que calle;
así una liebre de las que él te envía
en tu figura sus efectos obre.