Ya Mercurio, no es bien que yo te siga
con ansia en la mitad del curso humano,
cuando tan fiel tu premiadora mano
de afán y de ambición me desobliga.
Próvida para sí la breve hormiga,
allá en sus trojes muerde el rubio grano,
porque no arraigue y suba a honrarse ufano
del fértil colmo en la segunda espiga.
No crezca tu favor; basta que dure;
que por ninguno de los trances varios
de ambas fortunas irritarme pienso.
No anhelo minas, ni codicio erarios,
sino una alegre mies y un firme censo,
que estos últimos ocios me asegure.