Julio, venciste; pero con la suerte
que a los vencidos míseros aprieta,
rendida a la piedad que allá secreta
guardas en tu valor, piensan vencerte.
Ama pues, tan benigno como fuerte,
la cerviz que te obliga por sujeta;
que no es el perdonar gracia perfeta,
si en generoso amor no se convierte.
Evítales con ella aun el castigo
que en sus conciencias obra la memoria
de haber faltado con su fe y contigo.
¿Cuál resplandor no mereció, cuál gloria,
quién con tal paz triunfó del enemigo,
qué procedió a triunfar de la memoria?