Yo, aquel en cuyo insuficiente estilo
la verdad injuriada oyó el consuelo
que en mi mente infundió benigno el cielo
para tener el ánimo tranquilo;
Ya fuego exhalo, lágrimas destilo,
y contra mis preceptos me rebelo;
rabio al fin, y en la furia de mi celo
nuevos cuchillos de venganza afilo.
¡Que el valor ceda, y venza el brazo astuto!
¿Qué es esto, celestial Sabiduría?
¿Es la virtud no más que un nombre vano?
Mas ya tu resplandor me muestra pía;
haz que este afecto que me turba humano,
de su calamidad no pierda el fruto.