Ni opinión, Carlos, ni esperanza fundo
en los aplausos que el favor derrama;
¿quién los aprueba o sus lisonjas ama,
por más que en bronce las escriba el mundo?
Sí, rotas por el tiempo vagabundo,
muere el hombre otra vez cuando su fama,
¿son más que esfuerzos de una débil llama,
que turbia cesa en el morir segundo?
Y si el no conocerse es el abismo
de todo error, y cunde sin mudanza
una vez en los ánimos impreso,
¿buscaré mi verdad en mi alabanza?
¿cuándo has visto volver con buen suceso
a quien se busca fuera de sí mismo?