Ni amor ni Marte esperen que en mi acento
suene de hoy más su gloria ni su ira;
que de las dos empresas se retira
infuso el superior conocimiento.
A honor de la moral virtud frecuento,
sublime Urania, mi estudiosa lira;
tú en mi voz y en sus números inspira
la persuasión de tu divino aliento.
A merecer tu lauro nos eleve,
oh musa, el celo que en tu insigne escuela
tan fervoroso los ingenios llama;
que los aplausos de la edad que vuela,
ya en la victoria adulen, ya en la fama,
no son más que ilusión de un sueño breve.