Pues nos va bien con adular, Cratilo,
rindamos la verdad a la cautela;
que en sus aplausos la virtud se hiela
sin que nadie la abrigue con un hilo.
Tu príncipe al Salustio y al Tranquilo
prefiere el gusto de una nueva tela;
y suélese reír cuando la escuela
pondera las grandezas de su estilo.
Oh, dueño de las cosas, ignorancia,
ampara a dos filósofos ayunos,
que a la virtud queremos oponernos,
dispuestos a no ver libros algunos
sino de los poetas más modernos:
tanto podrá el olor de la ganancia.