Yo vi una ninfa, que entre rosas fuera,
Guzmán, y entre jazmines blanca y lisa;
pero con metamórfosi improvisa
verde horror le ofuscó la tez primera.
Díjome: «Euterpe soy, que esta ribera,
que con sus flores céfiro divisa,
a mí, que aliento su nativa risa,
procura, ingrata, convertirme en fiera».
Si el Tormes, dije yo, mancilla, Euterpe,
tu lustre con escama tenebrosa,
¿quién se podrá quejar del Lago Averno?
¿Tú sólo ignoras, replicó la Diosa,
que el estilo enigmático moderno
es quien de ninfa me transforma en sierpe?