Pon, Lice, tus cabellos, con lejías
de venerables, si no rubios, rojos;
que el tiempo vengador busca despojos,
y no para volver huyen los días.
Ya las mejillas, que abultar porfías,
cierra en perfiles lánguidos y flojos;
su hermosa atrocidad robó a los ojos,
y aprisa te desarma las encías.
Pero tú acude por socorro al arte,
que, aun con sus fraudes, quiero que defiendas
al desengaño descortés la entrada;
con pacto (y por tu bien), que no pretendas
reducir a ruinas ser amada,
sino es de ti, sí puedes engañarte.