Lico, pues Dios los pérfidos permite
para azote amoroso de los fieles,
y después, como a varas o cordeles
ya inútiles, al fuego los remite,
Él con sus justos rayos te visite,
y chamusque esos cuadros y doseles;
y los perfume que lascivo hueles,
súbito hedor sulfúreo te los quite.
No suene en el relámpago el aviso
que a Saulo convirtió, porque tu celo
no es, como el suyo, digno de clemencia.
Fuiste en la tierra látigo del cielo;
y pues muestras negar su providencia,
¿no es bien que te ejecute de improviso?