Licia es aquella; acude, Fausto, y mira
cómo con el cabello dora el viento
y el rostro juvenil, de donde atento,
invisibles amor sus flechas tira;
cuán bien con la piedad mezcla la ira
en el mirar risueño y el violento;
la boca, que entre perlas el aliento
de jazmín salutífero respira.
Juzga si yo, con más razón que Ticio,
que, por Juno movió a los dioses guerra,
pudiera contra el cielo rebelarme.
¿Has visto bien que no tiene la tierra
sujeto igual? Pues sabes que un adarme,
un adarme no tiene de juicio.