Si acomodado en mi fortuna aprieto
mi Proteo interior con cautos nudos,
y jamás por mi incienso dio estornudos,
oh Atlante, al humo interesal tu nieto;
si nunca al vulgo mi opinión sujeto,
y con mis risas cínicos barbudos,
y la verdad con sus aplausos mudos
mi frente adorna de laurel secreto,
¿Por qué la estéril soledad codicio?
Viviendo al siglo de oro interiormente,
¿no estoy bien retirado en mi conciencia?
¿Por qué? Porque cursando entre la gente,
si se echa un necio sobre mi paciencia,
verteré por los poros el juicio.