Sacro metal en Julia Celsa suena,
émulo de proféticos alientos,
que nos previene a insignes movimientos
con propio impulso y sin industria ajena.
Ofusca el sol su faz limpia y serena,
arrojando esplendores macilentos,
y sacudido el orbe de portentos,
se aflige y brama en su fatal cadena.
Y mientras que el horror de lo futuro
los ánimos oprime o los admira,
tú, Cremes, obstinado en tus amores,
remites a los cetros la gran ira,
y adulas a tu Pánfila con flores,
deshonesto, decrépito y seguro.