Quita ese afeite, Lais; que se aceda,
y él mismo en el olor su fraude acusa;
déjanos ver tu rostro, y si rehúsa
el despegarse, quítalo con greda.
¿Qué tirano la ley natural veda?
o ¿qué murtas el diestro acero atusa,
que alegren más que la verdad confusa
de bosque inculto o bárbara arboleda?
Si lo blanco y purpúreo que reparte
Dios con sus rosas, puso en tus mejillas
con no imitable natural mistura.
¿Por qué con dedo ingrato las mancillas?
Oh Lais, no más; que en perfección tan pura
arte ha de ser el despreciar el arte.