Si la ambición, que llega adonde aspira,
no topa el gozo que esperó Lamberto,
¿cuál ingenio, o por cauto o por experto,
de la esperanza infiel no se retira?
Corrido estoy de no poder sin ira
contarte cuán a juego descubierto,
siempre que me abonó algún bien por cierto,
en la fiel posesión lo hallé mentira.
Si esperado el placer, cuando se alcanza,
tan otro viene ya, que no le queda
sino aquella apacible semejanza,
hágame Dios tan recto juez, que pueda
echar un lazo al cuello a mi esperanza,
por falsificadora de moneda.