¿Oh sol, que dejas con mortal contento
los ojos de las águilas perdidos,
del resplandor suave detenidos,
hasta sentir la fuerza que ya siento;
vencido te presenta el pensamiento,
no sólo lo interior de los sentidos,
pues también los demás te trae rendidos,
que tienen en el alma el fundamento;
que aunque no juzgo yo por poco cuerdo,
oh sol divino, al que por gloria tiene
morir a manos de tan grande efeto,
en huir de tus rayos no la pierdo,
si a la fe y a su mérito conviene
ignorar las grandezas de su objeto.