No extraño yo que a la primera ausencia,
Señora, os descomponga el sentimiento,
porque tanto es más áspero un tormento,
cuanto socorre menos la experiencia;
mas pues concede el mismo amor licencia
para que se divierta el sufrimiento,
tenedlo un poco a la esperanza atento,
y daréis algún ocio a la paciencia.
La mitad de vuestra alma, el dulce ausente,
volverá presto; que a su afecto puro
servirá la razón y la fortuna.
Poned la fe de entrambos en seguro,
formando amor de vuestras almas una;
que la ausencia no es más que un accidente.