Rindamos, cuerpo, los cansados bríos;
tiempo es que el tiempo los comprima y venza
y que la mísera alma te convenza
a no enlazarla más en yerros míos.
Los dulces y amorosos desafíos
en esta edad que a descender comienza
caúsanos confusión, ira y vergüenza
pues por venir sin tiempo, vienen fríos.
La voluntad indómita que andaba
corriendo el campo como vencedora,
rinda ya la cerviz áspera y brava.
A la razón, que arrinconada mora,
bastan los años que mando la esclava:
gobierne ya su casa la señora.