No siento yo, bellísima María,
con no veros dolor, porque deseo
y amor os representan, y así, os veo
y están con vos gozando el alma mía.
En mi juego con vos con osadía
y gozo por verdad lo que no creo
y en este libre estado que poseo
no hallo quien me turbe el alegría.
Pero buscan mis ojos sus derecho
y alégranme, con lágrimas y fieros,
que no veros con ellos es mal hecho.
Que, pues fueron autores de quereros,
no he de usurparme yo todo el provecho,
y así, por darles parte, acuerdo veros.