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1868–1903

El primer viático

Atenógenes Segale

Fue la primera vez esa mañana que a mi Señor llevé junto a mi pecho de un moribundo al doloroso lecho; y la que iba a partir era mi hermana

Lo pongo en el altar, que olores mana, todo de prendas muy queridas hecho; y recibo, ya en lágrimas deshecho, las confesiones de su fe cristiana.

Calló su voz que dulce respondía, y en su semblante de ángel resignado, la luz de la esperanza sonreía. Y le di el Cuerpo del Señor (que alado

le acompañase por la eterna vía), con gotas de mis ojos empapado

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