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1808–1886

El conde don Julián

Antonio Ros de Olano

Dentro el alcázar de doblado muro, frontero al campo de Tarik, leía en letra de Florinda, y repetía, aún de sus mismos ojos mal seguro:

«Cerró mi boca con su labio impuro ¡Hembra débil, su fuerza me oprimía! Por vos fiada a quien su guarda os fía, mi afrenta acusa al forjador perjuro »

Y, al salir la gótica melena, león, que yerra el salto carnicero, subió al adarbe, descolló en la almena; Padre ofendido, desciñó el acero;

tendió la puente, y la cristiana arena manchó la planta del traidor primero

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