Amar quiero sin premio, y nunca puedo
que amar es premio; padecer querría,
y el dolor tanto agrada al alma mía
que de este gusto escrupuloso quedo.
Apetezco morir y en el denuedo
hallo nueva razón de cobardía,
que huyo del mal, y toma la osadía
la parte del vivir, la voz del miedo.
Si vivo, mi dolor desacredito;
si muero y amo, el alma lo condena,
que uno es comodidad y otro delito.
¡Oh novedad de más desdicha ajena
que vida sobre a un mal, que es infinito,
y no baste el morir para una pena!