Sangrienta perdición, yugo tirano,
guerra cruel, origen, y osadía
de la injusta, primera tiranía,
que puso cetro en poderosa mano.
Bárbara ley, tan murmurada en vano,
ayuda del morir a la porfía,
como si no costara sólo el día,
¿cómo si no sobrara el ser humano?
Mas aunque más, ¡oh, guerra!, estás culpada,
es mayor la de fáciles antojos
en bello campo de belleza armada.
No quiero amor, más quiero dar enojos
a la dura violencia de una espada,
que a la blanda soberbia de unos ojos.