Pregúntasme, porque con tanto ahínco
repugné el predicar, pues bien podría
con un poco de crítica osadía
subirme al mayor púlpito de un brinco.
Confieso Anian, que los talentos cinco
son ya sólo una vana parlería;
mas con ella, que gana el alma mía,
pues si una flecha en las ajenas hinco
Si al oído estragado me acomodo,
estrago la doctrina; si la templo
con sencillez, a las paredes hablo:
¡O Sacro oficio! ya profano en todo
es Comedia el Sermón, Teatro el Templo,
farsante el que predica, autor el Diablo