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1870–1919

A la Católica Majestad de Paul Verlaine

Amado Nervo

Padre viejo y triste, rey de las divinas canciones: son en mi camino focos de una luz enigmática tus pupilas mustias, vagas de pensar y abstracciones, y el límpido y noble marfil de tu testa socrática.

Flota, como el tuyo, mi afán entre dos aguijones: alma y carne; y brega con doble corriente simpática por hallar la ubicua beldad en nefandas uniones, y después espía y gime con lira hierática

Padre, tú que hallaste por fin el sendero que, arcano, a Jesús nos lleva, dame que mi numen doliente virgen sea, y sabio, a la vez que radioso y humano Tu virtud lo libra del mal de la antigua serpiente,

para que, ya salvos al fin de la dura pelea, laudemos a Cristo en vida perenne Así sea.

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