Señor, que de esta cándida cortina
cubres la Majestad, que admira el Cielo,
si el arca del maná cubre este velo,
amor piadoso, como ves, me inclina:
perdona lo que un alma determina,
que abrasas Tú con tu amoroso celo,
pues todo el fuego me parece hielo
al resplandor de tu Deidad Divina.
Confiésote mis culpas, y te pido
perdón de tan extraño atrevimiento:
disculpado de amor, de amor vencido,
no temí el fuego allí, mayor lo siento;
que el hielo del temor, que te es debido,
me supo defender de este Elemento.